Advertencia:

¡¡¡ADVERTENCIA!!!

Este es un relato con alto contenido erótico/sexual, así que si eres menor de edad o eres sensible a esta clase de relato te recomiendo salir de esta página de inmediato. Pero si lo que decides es continuar, será bajo tú exclusiva responsabilidad.

¿Sigues aún decidido a continuar a pesar de mis advertencias? Pues eres bienvenido a este pequeño paraje sensual en donde espero satisfacer tus más locas fantasías.

Bienvenido a Fantasía de ensueño...


domingo, 25 de agosto de 2013

Fantasía de ensueño


Recorrí las largas calles con paso lento, en espera de la siguiente señal de este ridículo juego en el que estaba sumergida. La enorme capa susurraba a mí alrededor mientras que los tacones se escuchaban con fuerza en aquella acera vacía, como si fueran pequeños criados avisando a su amo de mi llegada.

Aún no podía entender como había podido caer en aquella extravagante parodia.

Con un suspiro detuve mis pasos al escuchar el tan conocido sonido de la mensajería de mi móvil. Al sacarlo, mis dedos se movieron con agilidad sobre la pantalla táctil hasta dar con el icono que buscaba y lo abrí ante mis ojos.

Levanté una ceja extrañada y miré a mi costado para encontrarme con un imponente edificio color rojizo que se alzaba hasta alcanzar el oscuro cielo. Verifiqué que no me haya equivocado con el mensaje y retomé mis pasos hasta entrar en aquel lugar.

“Solo falta –pensé burlona- que esto sea una fiesta sorpresa”

Pero en seguida rechacé ese pensamiento, pues mi ropa oculta tras la capa no era para exhibirla delante de mucha gente ni ese edificio era exactamente para una fiesta de cumpleaños.

Pero olvidé el hilo de mis pensamientos cuando llegué a la enorme recepción, donde un hombre ya entrado en edad me miró con curiosidad. Ajustándome la máscara que ocultaba mi rostro le extendí el pequeño sobre que tenía en la mano y esperé que me entregara la llave de la habitación.

El hombrecillo, George dictaba su identificador, abrió el sobre, tecleó alguna clave en su ordenador y me extendió una llave con el número 2321 impreso en relieve. Dando las gracias con una sencilla inclinación de cabeza me dirigí hacia el ascensor y pulsé el botón azul del último piso.

Mi corazón latía deprisa mientras las puertas se cerraban e inundaba el pequeño espacio un cómica cancioncilla pasada de moda. Observé con curiosidad a una extraña mujer que se encontraba a mi lado, con una máscara en su delicado rostro y una capa negra ocultando el resto de su cuerpo. Su cabello recogido en un peculiar peinado estaba adornado únicamente por una larga pluma negra.

Me miraba con una ceja levantada de manera desafiante, invitándome a guardarme para mí misma cualquier comentario que pudiera tener.

Las puertas de volvieron a abrir y la exótica mujer se bajó del ascensor con paso decidido pero elegante. Observé como las puertas llenas de espejos se cerraban antes de girarme completamente y avanzar por el pasillo vacío que se extendía ante mí. Con curiosidad revisé el número de algunas de las puertas ante las que pasaba, cerciorándome que aún no había llegado a mi destino.

En mitad del pasillo se alzaba imponente una puerta caoba, cuyo cartelito dorado lucía con total orgullo el número 2321. Suspirando ansiosa y a la vez temerosa de entrar, alargué mi mano y di la vuelta a aquella llave que inconscientemente había apretado fuertemente durante toda la breve trayectoria hasta aquí.

El sonido silencioso de la puerta abriéndose hizo que los latidos de mi corazón fueran aún más estridentes. Inspirando una gran cantidad de aire para darme valor, me sumergí en aquel pequeño y oscuro lugar que parecía invitarme a cometer pecados indecibles.

- Bienvenida a mi pequeña fortaleza… ma chérie –la voz ronca que surgió del fondo de la habitación erizó cada parte de mi cuerpo.

Cerré la puerta y me giré para poder identificar al autor de mi estremecimiento, pero solo encontré más oscuridad en su lugar. Las persianas semi-bajadas y las cortinas mostrando la luz solo en pequeños lugares estratégicos incrementaban aquel ambiente de sensualidad y misterio.

De pronto sentí unas fuertes y varoniles manos sobre mis hombros que tiraban suavemente de mi capa. Su voz convertida en un murmullo ronco me desarmó por completo y simplemente lo dejé hacer. La capa tocó el suelo con un pequeño susurro mientras su mano se deslizaba por mi brazo y me dirigía muy lentamente hacia el centro de la habitación.

Un pequeño rayo de luz me bañó el cuerpo, dándole a mi misterioso y excitante espectador la oportunidad de maravillarse con el ajustado corsé y la seductora falda que me había puesto solo para él.

- Estás guapísima… -susurró él tras de mí después de que me obligara a dar una vuelta para contemplarme mejor.

- ¿Guapísima? –alcé una ceja desconcertada por esa palabra.

Pareció que volvía a concentrarse en su rol de misterioso y elegante seductor, corrigiendo la frase anteriormente dicha.

- Estás magnífica ma chérie… magnífica – me susurró al oído antes de depositar un leve beso en el lóbulo de dicha oreja. Mi cuerpo se estremeció ante aquel contacto pidiendo más, ansiando lo que sabía que vendría después.

Pero parecía que él tenía otros planes para mí.

Se alejó de mi cuerpo y empezó a rodearme lentamente, cuidando de que en ningún momento nuestros cuerpos se rozaran, aumentado la expectación casi dolorosa que crecía en mi interior.

¡Maldita sea, quería que hiciera algo ya!

Parece que mi súplica fue escuchada, pues nada más pensar en eso sentí el calor de su cuerpo detrás de mí. Su ancho pecho pegado a mi espalda y su cabeza apoyado en mi hombro mientras sus grandes manos se dirigían hacia los pequeños lacitos del corsé para empezar a desatarlos.

Pero no movió ninguna otra parte de su cuerpo. Únicamente sus dedos parecían presurosos por desatar aquellos lazos, como si su vida dependiera de ello…
Entonces sucedió.

Sus hábiles manos terminaron por deshacer el último lazo y se quedaron quietas sobre mi cintura. Podía verlas gracias a la escasa luz que entraba y que solo me alumbraba a mí en esos momentos. Pero no pude seguir pensando más en ello pues ahora su boca había tomado el relevo de sus dedos y lamía con una lentitud exasperante toda la porción de cuello que había a su disposición.

Muy lentamente…

Un jadeo de excitación escapó de mis labios cuando sus dientes agarraron una pequeña parte de piel y tiraron levemente de ella. Siguió mordisqueando durante más tiempo, combinándolo con lamidas y besos muy húmedos a lo largo de todo mi cuello.

Pero aquello no era suficiente y así se lo hice saber restregándome contra su pecho.

Aquel pequeño acto pareció desestabilizarlo, pues sus manos me apretaron con más fuerza y su pequeña tortura en mi cuello se detuvo. Y ahí lo sentí. La pequeña presión en mi trasero me indicaba cuanto le había gustado mi movimiento.

Con una sonrisa traviesa, repetí aquel movimiento una vez más, poniendo especial atención a nuestras partes bajas. Un gemido ahogado, sus manos en mis caderas y la repetición de aquel excitante movimiento fue lo que siguió a mi pequeña travesura. Pero supongo que las cosas buenas se acaban con mucha prontitud, ya que un pequeño atisbo de control pareció aclarar su mente y separarse de mi cuerpo.

- Aún no ma pétite impaciente… aún quiero jugar un poco más –fue toda la explicación que me dio antes de tirar de mí y unir nuestros labios en una caricia abrasadora y demasiado corta.

La fuerza del impulso lo ayudó a tirarme a la cama sin apenas esfuerzo alguno. Una vez allí pude observar sus preciosos ojos bicolores tras una sencilla máscara negra. El dorado y el verde en perfecta sincronía, creando una auténtica obra de arte en un rostro. Pero no pude  seguir recreándome en su mirada, pues volvió a sumergirse en las sombras.

Aprovechando que un rayo de luz me alumbraba, doblé la rodilla en un movimiento sensual y me mordí el labio inferior para tentarlo. Era una exquisita presa al que él no podía resistir hincarle el diente. Lo sabía y aprovecharía eso todo lo que pudiera.

- Tramposa… -un susurro bajo precedido por un jadeo ahogado fue lo que obtuve como recompensa.

Y un cuerpo caliente a mis pies mientras me quitaba los zapatos de tacón con ágiles movimientos antes de deslizar sus fuertes manos por mis largas piernas y empezar a quitarme las medias oscuras.

Muy lentamente quitó una y empezó el recorrido otra vez, pero en esta ocasión con sus labios. Besando cada porción de piel que se extendía ante sí. Una risa escapó de mis labios cuando besó la parte interna de mi rodilla, risa que se convirtió en jadeo cuando siguió escalando por mi pierna hasta la parte interna de mis muslos superiores.

Ardiendo en deseo, él volvió a repetir aquellos movimientos con mi otra pierna tan lentamente que fue una deliciosa tortura de la cual no quería escapar. Sus labios llegaron hasta el punto en donde lo dejó hace unos momentos, mordisqueó con coquetería el lugar y lo abandonó mientras un gritito placentero escapaba desde lo más hondo de mi ser.  

Lentamente subió acariciando toda la extensión de mi cuerpo con el suyo propio hasta llegar a mi rostro donde, tentándome con sus labios, me obligó a levantar la barbilla hacia él. Sin embargo mis esfuerzos fueron inútiles, puesto que se sumergió en la curva de mi cuello y lamió como antes lo había estado haciendo, sacando de mis labios varios gemidos como prueba del placer que me hacía sentir.

Sus manos no se quedaron quietas, terminando el trabajo que antes habían empezado con mi corsé, abriéndolo con sutileza y dejando las dos pequeñas cumbres que eran mis pechos a su disposición.

Separó las manos de mi cuerpo y se alejó unos cuantos centímetros para admirar aquello que había dejado al descubierto. Su mirada seguramente devoro mi pecho, aunque no podía afirmarlo ya que la oscuridad lo ocultaba de mi vista. Pero sí sentí su aliento acercándose a ellos despacio, como si intentara absorber todo lo que pudiera de la visión.

Sin embargo yo quería más, así que alce mis manos para atrapar su cara y obligarlo acortar las distancias rápidamente. El delicioso cosquilleo que sentí en el momento en que su nariz se sumergió en el valle entre mis pechos me hizo suspirar de placer.

Sí, eso era lo que quería...

Solté un grito ahogado antes de llevar a toda prisa mi mano a mi boca para acallar los gemidos que empezaban a inundar mi garganta cuando sus labios rozaron uno de mis pezones y comenzaron a chuparlo con ansias. Las lamidas y mordisqueos en esa zona tan sensible calmaron por un instante el fuego de devoraba mis entrañas, pero no fue suficiente.

El ardiente calor solo se incrementó con más fuerza y el vacío que me inundó cuando se alejó de mi pecho provocó un sollozo por mi parte acompañados de débiles quejidos. Pero no tardó mucho en complacerme cuando volvió a abordar el otro pezón con las mismas ganas que el primero.

Lentas lamidas, jugando con el erecto pezón entre los dientes sacó mi parte más salvaje cuando, sin poder contenerme, grité que deseaba más.

- ¡Más!

Fue en ese momento y bajo esas órdenes que él se separó, quedando a contra luz, permitiéndome a mí únicamente ver su masculina silueta. Su ancho pecho era perfecto para permitirme apoyarme en él en mitad de aquel acto que tanto ansiaba. Sus fuertes brazos envueltos en una elegante camisa de seda negra marcaban unos músculos trabajados que me quitaron el aliento cuando me tomaron de la cintura sin ningún esfuerzo y me quitaban la minúscula falda.

Con la máscara oscura, el corsé abierto mostrando mis senos y una sencilla braguita de encaje negro, era todo un banquete para aquellos ojos que me devoraban sin compasión.

Llevó sus manos a mis hombros y me quitó por completo aquella prenda que había perdido su función en mi cuerpo y se había convertido únicamente en un obstáculo para el placer de aquella noche.

Entonces, tirando con fuerza aquel pedazo de tela hacia algún lugar de la habitación, volvió a pegar su cuerpo al mío intentando volver a sumergirme en aquel estado de inconsciencia placentera. Pero una sonrisa traviesa surcó mi rostro y, cogiéndolo completamente desprevenido, conseguí tumbarlo en la cama.

- No es justo que solo tú juegues… -fingí un puchero antes de sonreír coquetamente y lanzarme a su cuello, donde lamí y mordisqué el punto exacto donde sabía que le gustaba.

Pero no me detuve ahí. Fue desabrochando lentamente cada botón que se cruzaba en mi camino mientras besaba la piel que se entreveía a través de aquella abertura. Llegué a mostrar sus pequeños pezones de los cuales me apoderé con los labios mientras dicho cuerpo se estremecía bajo mis manos.

Sonreí sin soltar aquel pequeño montículo de carne, conocedora del placer que en esos momentos estaba proporcionando a mi actual compañero de cama. Mi lado más travieso y salvaje acababa de salir, y no tenía intención alguna de volver a aprisionarlo… por ahora.

Chupando el otro pezón mientras sus gruñidos de placer llegaban hasta mis oídos, dirigí mis manos por su pecho, arrancando los botones sin contemplación alguna. Salvaje y exótica, haría lo que ninguna mujer había hecho con su magnífico cuerpo masculino, grabándome en su piel a fuego y llevándolo hasta la locura más exquisita jamás conocida.

Te haré desearme aún más…

Sin dejar de lamer su pecho tiré de la camisa hacia atrás para quitársela, pero necesité de un poco de ayuda por su parte para conseguir dicho objetivo. La prenda desapareció en dirección a mi corsé, sumiéndose en la oscuridad mientras obligaba a mis manos dejar de acariciar su espalda y las dirigía al cinturón que mantenía cerrado su pantalón.

- E.. es.. espera… vas demasiado rápido –su voz ronca me indicó mejor que sus palabras que si deseaba extender por más tiempo aquel juego, debía mantener mis manos lejos de sus pantalones…

Por ahora lo complacería…

Me aparté de él lo suficiente para que nuestros ojos se encontraran y, con una sonrisa pícara en los labios, tiré con fuerte de un extremo de la correa quitándosela en el acto. Su sonrisa de complacencia cambió a una de placer cuando me senté a horcajadas sobre su cintura, enterré mis manos en su cabello y me restregué contra él a la vez que unía nuestros labios en una caricia hambrienta.

Pero aquella victoria no duró mucho tiempo, pues en un ágil movimiento me separó de su cálido cuerpo, dejándome sentada en la cama y con una expresión de sorpresa en el rostro. Mirando como volvía a sumergirse en las sombras, estiré una de mis manos para alcanzarlo, pero fue en vano.

¡Maldita sea! Estaba tan ardiente y deseosa… no podía dejarme así ¿verdad? Mirando a la oscuridad me dije a mí misma que no pensaba permitírselo.

- ¡Ian, vuelve aquí ahora mismo! –exigí segundos antes de escuchar una suave carcajada por su parte y ver como una extraña y blanquecina sustancia surgía de entre las sombras para impactar contra mi pecho.

¡Estaba frío!

Con un gritito de sorpresa descubrí al susodicho con un bote en la mano que lo agitaba sin parar, una sonrisa traviesa en su rostro y la otra mano oculta tras su ancha espalda. Volví a mirar la materia que ahora caía desde mis pechos hasta mi cintura y bajaba por mis caderas, descubriendo que era ni más ni menos que nata.

¡Nata montada!

- Mmmm… -cuando alcé mi mirada lo encontré relamiéndose los labios mientras su mirada seguía el recorrido de aquella fría sustancia –un delicioso postre al que solo le falta una cereza…

Dicho aquello, mostró aquello que tanto ocultaba. Un pequeño bol lleno de cerezas me desafiaba con sus tallos apuntando al cielo y su perfecto color rojizo brillante, obligándome a relamerme los labios inconscientemente.

Y, antes de darme cuenta, ya lo tenía encima de mí, colocando una cereza en mis labios mientras los suyos se dirigían a mis pechos para quitar aquello que él mismo había puesto sobre ellos. Con el temor de atragantarme y arruinarlo todo, simplemente apreté la cereza entre mis labios mientras me dejaba saborear por él.

Sus labios eran una tortura que me encantaba sufrir voluntariamente mil y una veces.

Y mientras mi mente se quedaba en blanco con aquel pensamiento, él había llegado con ayuda de la nata hasta mi feminidad, donde había terminado de mojar mis pequeñas bragas con más nata. Alejándose otra vez de mi cuerpo, dejó muy suave y lentamente el bote de nata encima de la cama, atormentándome con la espera de su siguiente movimiento.

Una sonrisa, un movimiento y un grito ahogado bastaron para que el jugo de la cereza que mantenía entre mis labios se derramara sobre estos y bajara por mi garganta hasta llegar al valle que existe entre mis senos por causa de la presión. Y mientras el jugo rodaba hacia abajo, yo solo apretaba con fuerza las sabanas entre mis puños cerrados y me abandonaba al placer de sentir la lengua de mi amante, aún por encima de la pequeña prenda, en el punto más sensible de mi cuerpo de mujer.

La húmeda y cálida lengua invasora siguió recorriendo toda la prenda hasta limpiarla de todo rastro que pudiera quedar de la dichosa nata. Una vez terminado su recorrido que produjo en mí varios gruñidos de placer, además de terminar de aplastar la cereza entre mis labios, se acercó hasta estos y los lamió para, acto seguido, quitarme la fruta en un beso que combinaba nuestras lenguas en un juego por ver quién se hacía su dueño.

Cuando se separó me enseñó el pequeño tallo que ahora tenía un bonito nudo en el centro. Sonreí. Podía llegar a ser tan tierno a veces…

Pero nuestro juego debía continuar y así se lo hice saber cuándo ahora fui yo la que le colocó una cereza en la boca y, empujándolo, lo obligué acostarse encima de la cama. Cogí el pequeño bote de nata y empecé a esparcirla por todo su pecho, sonriendo cada vez más ante cada estremecimiento que hacía su cuerpo.

Inclinándome, empecé a lamerlo. Suavemente al principio con mayor intensidad después mientras lo combinaba con pequeños mordiscos que iban bajando hacia su erección sin que él se percatase, al estar tan sumido en el placer que le daba. Poniendo una cantidad excesiva en sus pezones en un acto que era claramente para despistarlo, desabroché el botón y bajé la cremallera de aquellos pantalones que me prohibían de lo que tanto ansiaba.

Pero la distracción no duró demasiado, puesto que se levantó un poco para mirarme y preguntarme sin palabras si aquello era lo que quería. O más bien si lo quería tan pronto…

Una sonrisita bastó para convencerlo y sin dejar de mirarme a los ojos, se comió la cereza antes de quitarse lentamente el pantalón. Pero yo enarqué una ceja al ver que se dejaba los calzoncillos puestos y lo miré fijamente. No quería nada entre nosotros.

Él pareció entender ya que con una carcajada demasiado jovial para aquel momento, se quitó también aquella estúpida y molestosa prenda que era claramente mi enemiga. Con una sonrisa de satisfacción, volví a colocarle una cereza en los labios y agarré con fuerzas la nata y volví a la carga.

Este era nuestro momento y pensaba disfrutarlo al máximo.

Con destreza dispuse la nata desde su ombligo hasta esa zona que me resultaba tan ansiada. Lentamente, para alargar más nuestro juego eché la nata sobre la punta, lamiendo justo después ese lugar que derretía de forma torturadora todo mi cuerpo. Un fuerte jadeo por su parte me alentó a seguir y, con la misma lentitud, decidí echarle un poco más pero ahora por toda su longitud.


Dejando la nata a un lado era hora de llevar mis labios al encuentro de la llave que daría paso después a mi paraíso. Le rodeé con mis labios y, mientras procedía a la tortura lenta que sabía que le estaba produciendo, ejercía una mayor presión con mis labios, llevándole casi hasta el punto culminante. Sus gemidos y gruñidos me verificaron el placer que sentía. De pronto sentí sus fuertes manos agarrar mi cabeza para indicarme el ritmo que más le gustaba, y así continuamos por un rato. Yo lamiéndolo, él disfrutándolo…

Pero no quería que terminara ahí… el juego debía continuar.

Lo alejé de mis labios para proceder a jugar con sus ya muy hinchados testículos... muchos besos y paseos de mi lengua por toda esa superficie, sus gemidos ahogados me indicaron mejor que nada que era mejor frenar ahora un poco antes de que mi festín terminara antes de la cuenta.

Alcé la mirada para ver su reacción y sonreí satisfecha al verlo tan arqueado, con los ojos cerrados con fuerza y los puños ahora cerrados alrededor de las sábanas. Perfecto, justo ahí quería tenerlo. Sabía que estaba siendo demasiado osada, pero quería que este juego fuera perfecto para los dos.

Al fin y al cabo… era mi fantasía.

- Mi turno… -fue toda la advertencia que tuve antes de sentir mi mundo girar bruscamente y encontrarme acostada entre las suaves almohadas, con las piernas abiertas ante él, mientras me sacaba ferozmente el último obstáculo a nuestra inminente unión.

Un grito surcó mis labios cuando hundió su sensual cabeza en mi feminidad y empezaba a lamer toda la zona sin compasión. Enterré mis dedos entre sus cabellos cobres a la vez que arqueaba mi espalda y me abandonaba a la dulce sensación de su lengua sobre mí clítoris.

Arriba y abajo, su lengua recorría toda la zona hasta encontrar la entrada en donde cambiaba el movimiento y lo convertía en adentro y afuera. Movimientos rápidos y lentos los combinaba para llevarme a la locura del placer.

Lenta y exquisita era aquella deliciosa tortura, pero tan efímera como un pequeño caramelo. Y solo una breve explicación del por qué se detuvo en el momento más culminante.

Tan cerca del abismo de placer y a la vez tan lejos…

- Quiero que llegues al clímax conmigo dentro… ma chérie

Entonces se puso el condón, se colocó encima de mi cuerpo, apoyando su peso en sus musculosos brazos para evitar aplastarme con el suyo, y con un beso hambriento buscó mi cavidad para entrar de una sola estocada.

Un grito de placer y un gruñido de satisfacción fueron los sonidos preliminares que inundaron la estancia antes de los gemidos, jadeos y pequeños grititos que acompañaron a aquel baile sensual de tiempos inmemorables.

Acaricié sus espalda con mis uñas, acto que provocó más gemidos por su parte y una aceleración en el ritmo que enloqueció cada fibra de mi ser. Besos húmedos intermedios, palabras sin sentido en aquel instante, caricias osadas en partes eróticas y demás actos siguieron en aquel juego de dos.

Y mi primer orgasmo llegó en ese momento…

- ¡¡Ian!! –un estallido de placer y un viaje a las estrellas fueron mis recompensas por tanta deliciosa tortura.

Pero parecía que él tenía otros planes, pues en vez de acompañarme en mi salto al abismo, salió de mi interior, me colocó boca abajo y volvió a penetrarme -ahora más hondo-, para iniciar otra vez aquel exquisito baile de placer.

Gemidos y gruñidos volvieron a inundar la habitación cuando él llevó una mano a mi clítoris y empezó a acariciarlo a la vez que hacía lo mismo con uno de mis pechos utilizando su otra mano. Sus labios encontraron el lóbulo de mi oreja derecha y empezó a jugar con él sin dejar de embestirme una y otra vez, cada vez más rápido y más hondo.

- Más, más… ¡Ian más! –grité a pleno pulmón sin importarme si podían oírle fuera de aquel paraíso de placer, solo quería más de él, más rápido, más hondo, más…

Y ejerciendo una fuerza sobrehumana a causa de la adrenalina del momento, me obligó apoyarme únicamente por mis rodillas mientras colocaba mis manos en la cabecera de la cama y seguía penetrándome sin cansancio. Mis rodillas un poco abiertas, mi espalda levemente arqueada y su cuerpo detrás mientras el placer volvía a estallar en mi interior. Tan delicioso que arqueé mi espalda aún más a la par que volvía a gritar su nombre.

Sentí la suavidad de la cama sobre mi pecho cuando me soltó las caderas que antes había sostenido fuertemente, pero su cuerpo no se unió al mío. Al mirarle encontré una sonrisa traviesa surcar su rostro antes de acostarse a mi lado, atraerme hacia él e incitarme con caricias a cabalgarlo.

Y lo hice, ya creo que lo hice…

Me subí a horcajadas sobre su pene y lo deslicé en mi interior, para posteriormente sacarlo y volverlo a introducir hasta crear un ritmo delicioso. Apoyé mis manos en su duro vientre y me obligué a mirar como disfrutaba de aquella cabalgada. Sus ojos entreabiertos, su boca soltando gruñidos de placer y sus manos acariciando mis piernas fue la visión que tuve como recompensa.

Entonces sus ojos se abrieron completamente, me sonrieron antes de impulsarse para besarme un segundo antes de –y esta vez juntos-, explotar y viajar a las galaxias de placer.  

- Te amo Casey… -fue su ronca voz cuando pudo recuperar el aliento.

Yo seguía apoyada en su ancho y fuerte pecho varonil intentando conseguir lo mismo, pero sin mucho éxito. Sonreí satisfecha y mimosa por sus palabras antes de impulsarme con ayuda de mis brazos para mirarlo a los ojos.

Oh Dios, lo amaba tanto…

Ian se sacó la máscara que aún ocultaba su hermoso rostro de mi vista, hizo lo mismo con la mía y se inclinó sobre la mesita de noche que ocupada un costado de la enorme cama matrimonial donde estábamos, por lo que tuve que bajarme de su cintura. De ella sacó una hermosa rosa roja que aún conservaba gotas de rocío entre sus pétalos y, con esa clase de sonrisa que es capaz de derretir cada parte de mi cuerpo, me la entregó. Enterré mi  nariz en ella, embriagándome con su perfume.

- Feliz cumpleaños hermosa… espero haber cumplido tu fantasía –su sonrisa, el brillo de su mirada y su cuerpo, aún desnudo y sudado, sí que eran una fantasía hecha realidad.

Mi fantasía de ensueño…

No supe que había dicho todo aquello en voz alta hasta que vi su sonrisa aún más ancha y sentí sus labios otra vez en mi cuello mientras alargaba su brazo para coger otro condón sin abrir.

Sí, sin duda Ian es mi fantasía de ensueño hecha realidad…


Fin



Notas autora: 

Bueno, bueno... aquí está al fin terminado. ¡¡Dios, me ha costado un mes terminarlo por varias causas, pero al fin lo logré!!

En fin, este es un regalo para una buena amiga que espero que lo disfrute mucho mucho -sí Mila, esto va por ti!!! ;) - Tambien quiero dar mis agradecimientos a dos de mis chicas que me han apoyado cuando no tenía inspiracion (Gracias Hanny-chibi!!!!) y me han ayudado con una parte que lentamente voy superando (Naa-chan, arigatô!!!!!!) Tambien quiero agradecer a todas esas personitas que lean esto por tomarse la molestia de perder su tiempo en mi, ¡¡¡¡¡¡GRACIAS!!!!!!

Bueno, solo me queda decir que esta historia ha sido creada para disfrute público, sin animos de lucro, así que si piensan plagiarlo ya vais apartando las manos del ratón. 
Si lo veis en algún otro sitio, agradeceria profundamente que me avisaran, porque eso es delito. 

Creo que eso es todo, me hariais muy feliz si comentaseis y me dijeseis que os ha parecido, en qué debo mejorar o si es mejor que me corte las manos. Todo comentario es bienvenido ^^  

¡¡¡Au revoir!!! 

PD: las palabras en cursiva que pronuncia Ian es francés y significan cariño (ma chérie) y pequeña (ma petite)