Recorrí las largas calles con paso lento, en espera
de la siguiente señal de este ridículo juego en el que estaba sumergida. La
enorme capa susurraba a mí alrededor mientras que los tacones se escuchaban con
fuerza en aquella acera vacía, como si fueran pequeños criados avisando a su
amo de mi llegada.
Aún no podía entender como había podido caer en
aquella extravagante parodia.
Con un suspiro detuve mis pasos al escuchar el tan
conocido sonido de la mensajería de mi móvil. Al sacarlo, mis dedos se movieron
con agilidad sobre la pantalla táctil hasta dar con el icono que buscaba y lo abrí
ante mis ojos.
Levanté una ceja extrañada y miré a mi costado para
encontrarme con un imponente edificio color rojizo que se alzaba hasta alcanzar
el oscuro cielo. Verifiqué que no me haya equivocado con el mensaje y retomé
mis pasos hasta entrar en aquel lugar.
“Solo falta –pensé burlona- que esto sea una fiesta
sorpresa”
Pero en seguida rechacé ese pensamiento, pues mi
ropa oculta tras la capa no era para exhibirla delante de mucha gente ni ese
edificio era exactamente para una fiesta de cumpleaños.
Pero olvidé el hilo de mis pensamientos cuando
llegué a la enorme recepción, donde un hombre ya entrado en edad me miró con
curiosidad. Ajustándome la máscara que ocultaba mi rostro le extendí el pequeño
sobre que tenía en la mano y esperé que me entregara la llave de la habitación.
El hombrecillo, George dictaba su identificador,
abrió el sobre, tecleó alguna clave en su ordenador y me extendió una llave con
el número 2321 impreso en relieve. Dando las gracias con una sencilla
inclinación de cabeza me dirigí hacia el ascensor y pulsé el botón azul del
último piso.
Mi corazón latía deprisa mientras las puertas se
cerraban e inundaba el pequeño espacio un cómica cancioncilla pasada de moda.
Observé con curiosidad a una extraña mujer que se encontraba a mi lado, con una
máscara en su delicado rostro y una capa negra ocultando el resto de su cuerpo.
Su cabello recogido en un peculiar peinado estaba adornado únicamente por una
larga pluma negra.
Me miraba con una ceja levantada de manera desafiante,
invitándome a guardarme para mí misma cualquier comentario que pudiera tener.
Las puertas de volvieron a abrir y la exótica mujer
se bajó del ascensor con paso decidido pero elegante. Observé como las puertas
llenas de espejos se cerraban antes de girarme completamente y avanzar por el
pasillo vacío que se extendía ante mí. Con curiosidad revisé el número de
algunas de las puertas ante las que pasaba, cerciorándome que aún no había
llegado a mi destino.
En mitad del pasillo se alzaba imponente una puerta
caoba, cuyo cartelito dorado lucía con total orgullo el número 2321. Suspirando
ansiosa y a la vez temerosa de entrar, alargué mi mano y di la vuelta a aquella
llave que inconscientemente había apretado fuertemente durante toda la breve trayectoria
hasta aquí.
El sonido silencioso de la puerta abriéndose hizo
que los latidos de mi corazón fueran aún más estridentes. Inspirando una gran cantidad
de aire para darme valor, me sumergí en aquel pequeño y oscuro lugar que
parecía invitarme a cometer pecados indecibles.
- Bienvenida a mi pequeña fortaleza… ma chérie –la voz ronca que surgió del
fondo de la habitación erizó cada parte de mi cuerpo.
Cerré la puerta y me giré para poder identificar al
autor de mi estremecimiento, pero solo encontré más oscuridad en su lugar. Las
persianas semi-bajadas y las cortinas mostrando la luz solo en pequeños lugares
estratégicos incrementaban aquel ambiente de sensualidad y misterio.
De pronto sentí unas fuertes y varoniles manos sobre
mis hombros que tiraban suavemente de mi capa. Su voz convertida en un murmullo
ronco me desarmó por completo y simplemente lo dejé hacer. La capa tocó el
suelo con un pequeño susurro mientras su mano se deslizaba por mi brazo y me
dirigía muy lentamente hacia el centro de la habitación.
Un pequeño rayo de luz me bañó el cuerpo, dándole a
mi misterioso y excitante espectador la oportunidad de maravillarse con el
ajustado corsé y la seductora falda que me había puesto solo para él.
- Estás guapísima… -susurró él tras de mí después de
que me obligara a dar una vuelta para contemplarme mejor.
- ¿Guapísima? –alcé una ceja desconcertada por esa
palabra.
Pareció que volvía a concentrarse en su rol de
misterioso y elegante seductor, corrigiendo la frase anteriormente dicha.
- Estás magnífica ma chérie… magnífica – me susurró al oído antes de depositar un leve beso en
el lóbulo de dicha oreja. Mi cuerpo se estremeció ante aquel contacto pidiendo
más, ansiando lo que sabía que vendría después.
Pero parecía que él tenía otros planes para mí.
Se alejó de mi cuerpo y empezó a rodearme
lentamente, cuidando de que en ningún momento nuestros cuerpos se rozaran,
aumentado la expectación casi dolorosa que crecía en mi interior.
¡Maldita sea, quería que hiciera algo ya!
Parece que mi súplica fue escuchada, pues nada más
pensar en eso sentí el calor de su cuerpo detrás de mí. Su ancho pecho pegado a
mi espalda y su cabeza apoyado en mi hombro mientras sus grandes manos se
dirigían hacia los pequeños lacitos del corsé para empezar a desatarlos.
Pero no movió ninguna otra parte de su cuerpo.
Únicamente sus dedos parecían presurosos por desatar aquellos lazos, como si su
vida dependiera de ello…
Entonces sucedió.
Sus hábiles manos terminaron por deshacer el último
lazo y se quedaron quietas sobre mi cintura. Podía verlas gracias a la escasa
luz que entraba y que solo me alumbraba a mí en esos momentos. Pero no pude
seguir pensando más en ello pues ahora su boca había tomado el relevo de sus
dedos y lamía con una lentitud exasperante toda la porción de cuello que había
a su disposición.
Muy lentamente…
Un jadeo de excitación escapó de mis labios cuando
sus dientes agarraron una pequeña parte de piel y tiraron levemente de ella.
Siguió mordisqueando durante más tiempo, combinándolo con lamidas y besos muy
húmedos a lo largo de todo mi cuello.
Pero aquello no era suficiente y así se lo hice
saber restregándome contra su pecho.
Aquel pequeño acto pareció desestabilizarlo, pues
sus manos me apretaron con más fuerza y su pequeña tortura en mi cuello se
detuvo. Y ahí lo sentí. La pequeña presión en mi trasero me indicaba cuanto le
había gustado mi movimiento.
Con una sonrisa traviesa, repetí aquel movimiento
una vez más, poniendo especial atención a nuestras partes bajas. Un gemido
ahogado, sus manos en mis caderas y la repetición de aquel excitante movimiento
fue lo que siguió a mi pequeña travesura. Pero supongo que las cosas buenas se
acaban con mucha prontitud, ya que un pequeño atisbo de control pareció aclarar
su mente y separarse de mi cuerpo.
- Aún no ma
pétite impaciente… aún quiero jugar un poco más –fue toda la explicación
que me dio antes de tirar de mí y unir nuestros labios en una caricia abrasadora
y demasiado corta.
La fuerza del impulso lo ayudó a tirarme a la cama
sin apenas esfuerzo alguno. Una vez allí pude observar sus preciosos ojos
bicolores tras una sencilla máscara negra. El dorado y el verde en perfecta
sincronía, creando una auténtica obra de arte en un rostro. Pero no pude seguir recreándome en su mirada, pues volvió
a sumergirse en las sombras.
Aprovechando que un rayo de luz me alumbraba, doblé
la rodilla en un movimiento sensual y me mordí el labio inferior para tentarlo.
Era una exquisita presa al que él no podía resistir hincarle el diente. Lo
sabía y aprovecharía eso todo lo que pudiera.
- Tramposa… -un susurro bajo precedido por un jadeo
ahogado fue lo que obtuve como recompensa.
Y un cuerpo caliente a mis pies mientras me quitaba
los zapatos de tacón con ágiles movimientos antes de deslizar sus fuertes manos
por mis largas piernas y empezar a quitarme las medias oscuras.
Muy lentamente quitó una y empezó el recorrido otra
vez, pero en esta ocasión con sus labios. Besando cada porción de piel que se
extendía ante sí. Una risa escapó de mis labios cuando besó la parte interna de
mi rodilla, risa que se convirtió en jadeo cuando siguió escalando por mi
pierna hasta la parte interna de mis muslos superiores.
Ardiendo en deseo, él volvió a repetir aquellos
movimientos con mi otra pierna tan lentamente que fue una deliciosa tortura de
la cual no quería escapar. Sus labios llegaron hasta el punto en donde lo dejó
hace unos momentos, mordisqueó con coquetería el lugar y lo abandonó mientras
un gritito placentero escapaba desde lo más hondo de mi ser.
Lentamente subió acariciando toda la extensión de mi
cuerpo con el suyo propio hasta llegar a mi rostro donde, tentándome con sus labios,
me obligó a levantar la barbilla hacia él. Sin embargo mis esfuerzos fueron
inútiles, puesto que se sumergió en la curva de mi cuello y lamió como antes lo
había estado haciendo, sacando de mis labios varios gemidos como prueba del
placer que me hacía sentir.
Sus manos no se quedaron quietas, terminando el trabajo que antes habían
empezado con mi corsé, abriéndolo con sutileza y dejando las dos pequeñas
cumbres que eran mis pechos a su disposición.
Separó las manos de mi cuerpo y se alejó unos cuantos centímetros para
admirar aquello que había dejado al descubierto. Su mirada seguramente devoro
mi pecho, aunque no podía afirmarlo ya que la oscuridad lo ocultaba de mi
vista. Pero sí sentí su aliento acercándose a ellos despacio, como si intentara
absorber todo lo que pudiera de la visión.
Sin embargo yo quería más, así que alce mis manos para atrapar su cara y
obligarlo acortar las distancias rápidamente. El delicioso cosquilleo que sentí
en el momento en que su nariz se sumergió en el valle entre mis pechos me hizo
suspirar de placer.
Sí, eso era lo que quería...
Solté un grito ahogado antes de llevar a toda prisa mi mano a mi boca para
acallar los gemidos que empezaban a inundar mi garganta cuando sus labios
rozaron uno de mis pezones y comenzaron a chuparlo con ansias. Las lamidas y
mordisqueos en esa zona tan sensible calmaron por un instante el fuego de
devoraba mis entrañas, pero no fue suficiente.
El ardiente calor solo se incrementó con más fuerza y el vacío que me
inundó cuando se alejó de mi pecho provocó un sollozo por mi parte acompañados
de débiles quejidos. Pero no tardó mucho en complacerme cuando volvió a abordar
el otro pezón con las mismas ganas que el primero.
Lentas lamidas, jugando con el erecto pezón entre los dientes sacó mi parte
más salvaje cuando, sin poder contenerme, grité que deseaba más.
- ¡Más!
Fue en ese momento y bajo esas órdenes que él se separó, quedando a contra
luz, permitiéndome a mí únicamente ver su masculina silueta. Su ancho pecho era
perfecto para permitirme apoyarme en él en mitad de aquel acto que tanto
ansiaba. Sus fuertes brazos envueltos en una elegante camisa de seda negra
marcaban unos músculos trabajados que me quitaron el aliento cuando me tomaron
de la cintura sin ningún esfuerzo y me quitaban la minúscula falda.
Con la máscara oscura, el corsé abierto mostrando mis senos y una sencilla
braguita de encaje negro, era todo un banquete para aquellos ojos que me
devoraban sin compasión.
Llevó sus manos a mis hombros y me quitó por completo aquella prenda que
había perdido su función en mi cuerpo y se había convertido únicamente en un
obstáculo para el placer de aquella noche.
Entonces, tirando con fuerza aquel pedazo de tela hacia algún lugar de la
habitación, volvió a pegar su cuerpo al mío intentando volver a sumergirme en
aquel estado de inconsciencia placentera. Pero una sonrisa traviesa surcó mi
rostro y, cogiéndolo completamente desprevenido, conseguí tumbarlo en la cama.
- No es justo que solo tú juegues… -fingí un puchero antes de sonreír
coquetamente y lanzarme a su cuello, donde lamí y mordisqué el punto exacto donde
sabía que le gustaba.
Pero no me detuve ahí. Fue desabrochando lentamente cada botón que se
cruzaba en mi camino mientras besaba la piel que se entreveía a través de
aquella abertura. Llegué a mostrar sus pequeños pezones de los cuales me
apoderé con los labios mientras dicho cuerpo se estremecía bajo mis manos.
Sonreí sin soltar aquel pequeño montículo de carne, conocedora del placer
que en esos momentos estaba proporcionando a mi actual compañero de cama. Mi
lado más travieso y salvaje acababa de salir, y no tenía intención alguna de
volver a aprisionarlo… por ahora.
Chupando el otro pezón mientras sus gruñidos de placer llegaban hasta mis
oídos, dirigí mis manos por su pecho, arrancando los botones sin contemplación
alguna. Salvaje y exótica, haría lo que ninguna mujer había hecho con su
magnífico cuerpo masculino, grabándome en su piel a fuego y llevándolo hasta la
locura más exquisita jamás conocida.
Te haré desearme aún más…
Sin dejar de lamer su pecho tiré de la camisa hacia atrás para quitársela,
pero necesité de un poco de ayuda por su parte para conseguir dicho objetivo.
La prenda desapareció en dirección a mi corsé, sumiéndose en la oscuridad
mientras obligaba a mis manos dejar de acariciar su espalda y las dirigía al
cinturón que mantenía cerrado su pantalón.
- E.. es.. espera… vas demasiado rápido –su voz ronca me indicó mejor que
sus palabras que si deseaba extender por más tiempo aquel juego, debía mantener
mis manos lejos de sus pantalones…
Por ahora lo complacería…
Me aparté de él lo suficiente para que nuestros ojos se encontraran y, con
una sonrisa pícara en los labios, tiré con fuerte de un extremo de la correa
quitándosela en el acto. Su sonrisa de complacencia cambió a una de placer
cuando me senté a horcajadas sobre su cintura, enterré mis manos en su cabello
y me restregué contra él a la vez que unía nuestros labios en una caricia
hambrienta.
Pero aquella victoria no duró mucho tiempo, pues en un ágil movimiento me
separó de su cálido cuerpo, dejándome sentada en la cama y con una expresión de
sorpresa en el rostro. Mirando como volvía a sumergirse en las sombras, estiré
una de mis manos para alcanzarlo, pero fue en vano.
¡Maldita sea! Estaba tan ardiente y deseosa… no podía dejarme así ¿verdad?
Mirando a la oscuridad me dije a mí misma que no pensaba permitírselo.
- ¡Ian, vuelve aquí ahora mismo! –exigí segundos antes de escuchar una
suave carcajada por su parte y ver como una extraña y blanquecina sustancia
surgía de entre las sombras para impactar contra mi pecho.
¡Estaba frío!
Con un gritito de sorpresa descubrí al susodicho con un bote en la mano que
lo agitaba sin parar, una sonrisa traviesa en su rostro y la otra mano oculta
tras su ancha espalda. Volví a mirar la materia que ahora caía desde mis pechos
hasta mi cintura y bajaba por mis caderas, descubriendo que era ni más ni menos
que nata.
¡Nata montada!
- Mmmm… -cuando alcé mi mirada lo encontré relamiéndose los labios mientras
su mirada seguía el recorrido de aquella fría sustancia –un delicioso postre al
que solo le falta una cereza…
Dicho aquello, mostró aquello que tanto ocultaba. Un pequeño bol lleno de
cerezas me desafiaba con sus tallos apuntando al cielo y su perfecto color
rojizo brillante, obligándome a relamerme los labios inconscientemente.
Y, antes de darme cuenta, ya lo tenía encima de mí, colocando una cereza en
mis labios mientras los suyos se dirigían a mis pechos para quitar aquello que
él mismo había puesto sobre ellos. Con el temor de atragantarme y arruinarlo todo,
simplemente apreté la cereza entre mis labios mientras me dejaba saborear por
él.
Sus labios eran una tortura que me encantaba sufrir voluntariamente mil y
una veces.
Y mientras mi mente se quedaba en blanco con aquel pensamiento, él había
llegado con ayuda de la nata hasta mi feminidad, donde había terminado de mojar
mis pequeñas bragas con más nata. Alejándose otra vez de mi cuerpo, dejó muy
suave y lentamente el bote de nata encima de la cama, atormentándome con la
espera de su siguiente movimiento.
Una sonrisa, un movimiento y un grito ahogado bastaron para que el jugo de
la cereza que mantenía entre mis labios se derramara sobre estos y bajara por
mi garganta hasta llegar al valle que existe entre mis senos por causa de la
presión. Y mientras el jugo rodaba hacia abajo, yo solo apretaba con fuerza las
sabanas entre mis puños cerrados y me abandonaba al placer de sentir la lengua
de mi amante, aún por encima de la pequeña prenda, en el punto más sensible de
mi cuerpo de mujer.
La húmeda y cálida lengua invasora siguió recorriendo toda la prenda hasta
limpiarla de todo rastro que pudiera quedar de la dichosa nata. Una vez
terminado su recorrido que produjo en mí varios gruñidos de placer, además de
terminar de aplastar la cereza entre mis labios, se acercó hasta estos y los
lamió para, acto seguido, quitarme la fruta en un beso que combinaba nuestras
lenguas en un juego por ver quién se hacía su dueño.
Cuando se separó me enseñó el pequeño tallo que ahora tenía un bonito nudo
en el centro. Sonreí. Podía llegar a ser tan tierno a veces…
Pero nuestro juego debía continuar y así se lo hice saber cuándo ahora fui
yo la que le colocó una cereza en la boca y, empujándolo, lo obligué acostarse
encima de la cama. Cogí el pequeño bote de nata y empecé a esparcirla por todo
su pecho, sonriendo cada vez más ante cada estremecimiento que hacía su cuerpo.
Inclinándome, empecé a lamerlo. Suavemente al principio con mayor
intensidad después mientras lo combinaba con pequeños mordiscos que iban
bajando hacia su erección sin que él se percatase, al estar tan sumido en el
placer que le daba. Poniendo una cantidad excesiva en sus pezones en un acto
que era claramente para despistarlo, desabroché el botón y bajé la cremallera
de aquellos pantalones que me prohibían de lo que tanto ansiaba.
Pero la distracción no duró demasiado, puesto que se levantó un poco para
mirarme y preguntarme sin palabras si aquello era lo que quería. O más bien si
lo quería tan pronto…
Una sonrisita bastó para convencerlo y sin dejar de mirarme a los ojos, se comió
la cereza antes de quitarse lentamente el pantalón. Pero yo enarqué una ceja al
ver que se dejaba los calzoncillos puestos y lo miré fijamente. No quería nada entre nosotros.
Él pareció entender ya que con una carcajada demasiado jovial para aquel
momento, se quitó también aquella estúpida y molestosa prenda que era
claramente mi enemiga. Con una sonrisa de satisfacción, volví a colocarle una
cereza en los labios y agarré con fuerzas la nata y volví a la carga.
Este era nuestro momento y pensaba disfrutarlo al máximo.
Dejando la nata a un lado
era hora de llevar mis labios al encuentro de la llave que daría paso después a
mi paraíso. Le rodeé con mis labios y, mientras procedía a la tortura lenta que
sabía que le estaba produciendo, ejercía una mayor presión con mis labios,
llevándole casi hasta el punto culminante. Sus gemidos y gruñidos me
verificaron el placer que sentía. De pronto sentí sus fuertes manos agarrar mi
cabeza para indicarme el ritmo que más le gustaba, y así continuamos por un
rato. Yo lamiéndolo, él disfrutándolo…
Pero no quería que terminara
ahí… el juego debía continuar.
Lo alejé de mis labios para
proceder a jugar con sus ya muy hinchados testículos... muchos besos y paseos
de mi lengua por toda esa superficie, sus gemidos ahogados me indicaron mejor
que nada que era mejor frenar ahora un poco antes de que mi festín terminara
antes de la cuenta.
Alcé la mirada para ver su
reacción y sonreí satisfecha al verlo tan arqueado, con los ojos cerrados con
fuerza y los puños ahora cerrados alrededor de las sábanas. Perfecto, justo ahí
quería tenerlo. Sabía que estaba siendo demasiado osada, pero quería que este
juego fuera perfecto para los dos.
Al fin y al cabo… era mi
fantasía.
- Mi turno… -fue toda la
advertencia que tuve antes de sentir mi mundo girar bruscamente y encontrarme
acostada entre las suaves almohadas, con las piernas abiertas ante él, mientras
me sacaba ferozmente el último obstáculo a nuestra inminente unión.
Un grito surcó mis labios
cuando hundió su sensual cabeza en mi feminidad y empezaba a lamer toda la zona
sin compasión. Enterré mis dedos entre sus cabellos cobres a la vez que
arqueaba mi espalda y me abandonaba a la dulce sensación de su lengua sobre mí
clítoris.
Arriba y abajo, su lengua
recorría toda la zona hasta encontrar la entrada en donde cambiaba el
movimiento y lo convertía en adentro y afuera. Movimientos rápidos y lentos los
combinaba para llevarme a la locura del placer.
Lenta y exquisita era
aquella deliciosa tortura, pero tan efímera como un pequeño caramelo. Y solo una
breve explicación del por qué se detuvo en el momento más culminante.
Tan cerca del abismo de
placer y a la vez tan lejos…
- Quiero que llegues al
clímax conmigo dentro… ma chérie
Entonces se puso el condón,
se colocó encima de mi cuerpo, apoyando su peso en sus musculosos brazos para
evitar aplastarme con el suyo, y con un beso hambriento buscó mi cavidad para
entrar de una sola estocada.
Un grito de placer y un
gruñido de satisfacción fueron los sonidos preliminares que inundaron la
estancia antes de los gemidos, jadeos y pequeños grititos que acompañaron a
aquel baile sensual de tiempos inmemorables.
Acaricié sus espalda con mis
uñas, acto que provocó más gemidos por su parte y una aceleración en el ritmo
que enloqueció cada fibra de mi ser. Besos húmedos intermedios, palabras sin
sentido en aquel instante, caricias osadas en partes eróticas y demás actos
siguieron en aquel juego de dos.
Y mi primer orgasmo llegó en
ese momento…
- ¡¡Ian!! –un estallido de
placer y un viaje a las estrellas fueron mis recompensas por tanta deliciosa
tortura.
Pero parecía que él tenía
otros planes, pues en vez de acompañarme en mi salto al abismo, salió de mi
interior, me colocó boca abajo y volvió a penetrarme -ahora más hondo-, para
iniciar otra vez aquel exquisito baile de placer.
Gemidos y gruñidos volvieron
a inundar la habitación cuando él llevó una mano a mi clítoris y empezó a
acariciarlo a la vez que hacía lo mismo con uno de mis pechos utilizando su
otra mano. Sus labios encontraron el lóbulo de mi oreja derecha y empezó a
jugar con él sin dejar de embestirme una y otra vez, cada vez más rápido y más
hondo.
- Más, más… ¡Ian más! –grité
a pleno pulmón sin importarme si podían oírle fuera de aquel paraíso de placer,
solo quería más de él, más rápido, más hondo, más…
Y ejerciendo una fuerza
sobrehumana a causa de la adrenalina del momento, me obligó apoyarme únicamente
por mis rodillas mientras colocaba mis manos en la cabecera de la cama y seguía
penetrándome sin cansancio. Mis rodillas un poco abiertas, mi espalda levemente
arqueada y su cuerpo detrás mientras el placer volvía a estallar en mi interior.
Tan delicioso que arqueé mi espalda aún más a la par que volvía a gritar su
nombre.
Sentí la suavidad de la cama
sobre mi pecho cuando me soltó las caderas que antes había sostenido fuertemente,
pero su cuerpo no se unió al mío. Al mirarle encontré una sonrisa traviesa
surcar su rostro antes de acostarse a mi lado, atraerme hacia él e incitarme
con caricias a cabalgarlo.
Y lo hice, ya creo que lo
hice…
Me subí a horcajadas sobre
su pene y lo deslicé en mi interior, para posteriormente sacarlo y volverlo a
introducir hasta crear un ritmo delicioso. Apoyé mis manos en su duro vientre y
me obligué a mirar como disfrutaba de aquella cabalgada. Sus ojos
entreabiertos, su boca soltando gruñidos de placer y sus manos acariciando mis
piernas fue la visión que tuve como recompensa.
Entonces sus ojos se
abrieron completamente, me sonrieron antes de impulsarse para besarme un
segundo antes de –y esta vez juntos-, explotar y viajar a las galaxias de
placer.
- Te amo Casey… -fue su
ronca voz cuando pudo recuperar el aliento.
Yo seguía apoyada en su
ancho y fuerte pecho varonil intentando conseguir lo mismo, pero sin mucho éxito.
Sonreí satisfecha y mimosa por sus palabras antes de impulsarme con ayuda de
mis brazos para mirarlo a los ojos.
Oh Dios, lo amaba tanto…
Ian se sacó la máscara que
aún ocultaba su hermoso rostro de mi vista, hizo lo mismo con la mía y se
inclinó sobre la mesita de noche que ocupada un costado de la enorme cama
matrimonial donde estábamos, por lo que tuve que bajarme de su cintura. De ella
sacó una hermosa rosa roja que aún conservaba gotas de rocío entre sus pétalos y,
con esa clase de sonrisa que es capaz de derretir cada parte de mi cuerpo, me
la entregó. Enterré mi nariz en ella, embriagándome
con su perfume.
- Feliz cumpleaños hermosa…
espero haber cumplido tu fantasía –su sonrisa, el brillo de su mirada y su
cuerpo, aún desnudo y sudado, sí que eran una fantasía hecha realidad.
Mi fantasía de ensueño…
No supe que había dicho todo
aquello en voz alta hasta que vi su sonrisa aún más ancha y sentí sus labios
otra vez en mi cuello mientras alargaba su brazo para coger otro condón sin
abrir.
Sí, sin duda Ian es mi
fantasía de ensueño hecha realidad…
Fin
Notas autora:
Bueno, bueno... aquí está al fin terminado. ¡¡Dios, me ha costado un mes terminarlo por varias causas, pero al fin lo logré!!
En fin, este es un regalo para una buena amiga que espero que lo disfrute mucho mucho -sí Mila, esto va por ti!!! ;) - Tambien quiero dar mis agradecimientos a dos de mis chicas que me han apoyado cuando no tenía inspiracion (Gracias Hanny-chibi!!!!) y me han ayudado con una parte que lentamente voy superando (Naa-chan, arigatô!!!!!!) Tambien quiero agradecer a todas esas personitas que lean esto por tomarse la molestia de perder su tiempo en mi, ¡¡¡¡¡¡GRACIAS!!!!!!
Bueno, solo me queda decir que esta historia ha sido creada para disfrute público, sin animos de lucro, así que si piensan plagiarlo ya vais apartando las manos del ratón.
Si lo veis en algún otro sitio, agradeceria profundamente que me avisaran, porque eso es delito.
Creo que eso es todo, me hariais muy feliz si comentaseis y me dijeseis que os ha parecido, en qué debo mejorar o si es mejor que me corte las manos. Todo comentario es bienvenido ^^
¡¡¡Au revoir!!!
PD: las palabras en cursiva que pronuncia Ian es francés y significan cariño (ma chérie) y pequeña (ma petite)